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SoLo En La NoChE
Se encontraba parado en la entrada hacia ya un buen rato, y no se decidía a pasar. No había transcurrido mucho tiempo desde que llegó al centro de la ciudad, llevado por ese mortal aburrimiento que lo asaltaba a veces; y estuvo dando vueltas por aquí y por allá, sin rumbo fijo. Era domingo por la tarde, uno como muchos. Las calles aledañas estaban semidesiertas. Solo en la Plaza San Martín y el Jirón de la Unión había bullicio de gente. Aunque el otoño ya estaba bastante avanzado, el sol todavía quemaba de vez en cuando con fuerza el pavimento. Sentado en las bancas de la Plaza miraba como quien no quiere la cosa el ir y venir de la gente. Había solo algo que lo podía animar. Sexo. Sí, no podía negarlo. Estaba con ganas. Esas ganas que lo hacían acudir de vez en cuando a los cines porno que como hongos habían surgido aquí y allá. ¿Porqué no?; allí fue donde por primera vez descubrió lo que era un orgasmo, y que le gustaban los hombres. Pero de eso hacia tanto tiempo… Si, claro, el deseo era su principal motivación; pero también iba porque se sentía sólo. Sólo y con falta de cariño. Esa ausencia, ése vacío, lo llenaba con sexo. Si, era asquerosamente cierto. No, él no era como esas "loquitas" que iban y venían desesperadas por baños y pasillos de los cines, para dar o recibir un "servicio".No. El iba y miraba todo ese movimiento con desdén. Solo se sentaba y observaba. Y esperaba… Y ahora estaba allí, a las puertas del cine; y para no hacerla mas larga, entró. Pagó su ticket en la entrada a la tía que indiferente observaba su programa favorito en una mini TV de blanco y negro, y atendía maquinalmente; compró una cajita de chicles y unos cigarros al viejito que vendía al lado, entregó su ticket al controlador y bajó los escalones que lo conducían al purgatorio, su purgatorio… Negro. Densa oscuridad. El olor del cigarro se mezclaba con otro mas pesado, rancio. Ajj, todos los cines porno olían igual. Sus ojos se fueron acostumbrando a la penumbra, que solo dejaba adivinar los rostros, los cuerpos. Se conocía muy bien las mañas, las tretas para ligar, o cual era el mejor y más oscuro lugar para tirar. Caminó, maldiciendo al tropezar con un escalón
que no había visto, sentía que lo observaban con curiosidad, con
deseo. El lo ignoraba. Se hacia el desentendido. Imaginaba que por
su estatura hacían el cálculo de lo que tenía entre las piernas. Eso
al principio le divertía. Pero con el tiempo le molestaba el pensar
que solo ése era el motivo por el que la mayoría de veces lo
buscaban… La luz fluorescente del baño le molesto un poco, al salir de la penumbra. Los privados estaban ocupados, se imaginaba el porqué, así que utilizo los urinarios. Menos mal que no habían fisgones molestos al lado. Cuando se lavaba las manos lo vio, de rebote, en el espejo. Esos ojos, ésa mirada que se desvió inmediatamente cuando se sintió descubierta. Le gustó. Un poco mas joven que él (o al menos lo parecía) estatura y contextura mediana, agradable de rostro; pero había algo de confundido y tierno en esa mirada que lo cautivó. Deseó no equivocarse, ya que no aparentaba ser gay. Lo siguió mirando hasta salir del baño, pero el no volteó. Sin embargo se sintió observado mientras se iba. Regreso a su lugar, deseando que le siguiera. Paso un momento que le pareció interminable. Sí, lo siguió. Los vecinos se habían retirado, habían terminado. El llegó y se sentó al lado. No lo miró. Tan sólo se sentó ,con un cigarro en la boca, los codos recostados en sus piernas semiabiertas y el cuerpo algo inclinado hacia delante. Ninguno dijo nada. Pero luego de un rato, el recién llegado se le acercó un poco, suavemente, hasta que sus piernas lo rozaron. Volteó a mirar. Se miraron. Volvió a rozarlo."¿Intento algo?" pensó ,y sin decir nada le puso lentamente una mano en la espalda. Sintió claramente su estremecimiento, pero no reclamó, así que poco a poco bajó hasta donde la espalda cambia de nombre. Simplemente se dejó hacer .Más aún, volteó y a su mirada siguieron sus labios. Se acercó a los suyos. Fuego contra fuego, sin palabras. Y luego ,el otro bajó la cabeza y abriéndole el cierre del pantalón le hizo maravillas entre las piernas..Sudor. Placer. La sangre le subió al cerebro y con el estremecimiento final vino el relajamiento. Sabía muy bien lo que hacía el muchacho. "¿Un cigarro?". Le ofreció uno a su
acompañante, mientras prendía otro. Conversaron mientras fumaban. Al
igual que él, le dijo que también iba a los cines cuando la
necesidad obligaba, cuando se sentía sólo, cuando tenía deseos. No
sabía otra forma de conocer gente. Reconocía que eso le gustaba,
pero no podía darse el lujo de tener una relación estable con otro
hombre ,ante la sociedad tenía que pasar por "machito", tener
enamorada. Hablaron de muchas cosas además de eso, y le pareció un
muchacho tierno, inteligente, pero confundido y algo ingénuo. No
pudo evitar que le provocara ternura, tanto así que lo abrazó, y él
se recostó en su pecho. Se sentía muy bien, era cómo si se
conocieran de tiempo. Le dijo que creía en Dios, y que no lo culpaba
por haberlo hecho así, pero a veces la soledad lo asfixiaba.
Dios.¿Que tiene que ver Dios en esto?.Mientras los cigarros
lentamente se consumían pensó que hacía mucho tiempo que no se
sentía tan bien con alguien. Era irónico, en el lugar menos pensado
se podía encontrar unos minutos de felicidad. Sí, en esos poquísimos
momentos se sentía en paz, abrazados, hablando de Dios en el lugar
menos indicado, aunque sonase un poco bizarro. Se despidieron, cada uno fue por su lado. Él, sólo en la noche, se metió las manos en los bolsillos. Hacía frío, y trató de disimular una mancha húmeda cerca de la bragueta… |
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